domingo, 25 de enero de 2015

Que no nos confundan


GALGOS O PODENCOS. FABULA DE TOMAS DE IRIARTE

LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas,
seguido de perros,
-no diré corría-,
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: “Tente,
amigo; ¿qué es esto?”

“¿ Qué ha de ser?” –responde-;
sin aliento llego...
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo.”

“Sí -replica el otro-,
por allí los veo...
Pero no son galgos.”
“¿Pues qué son?” “Podencos.”

“¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos,
bien visto los tengo.”

“Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.”
”Son galgos, te digo.”
”Digo que podencos.”

En esta disputa,
llegando los perros
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.


Hoy se publicaba un artículo en el país sobre los cigarrillos electrónicos, y el autor del artículo, Javier Sampedro (doctor en genética y biología molecular, dejo aquí enlace)  al menos se aproxima al tema con intención neutral. Eso ya es un avance. 
La siguiente fase será que los medios de comunicación entiendan que frente a las mentiras no cabe la neutralidad. Que entre los que dicen que 2+2 son 6 y los que decimos que 2+2 son 4, la verdad no es que 2+2 sea 5...

Que fumar mata, y vapear NO. Aunque los neumólogos americanos digan que es al revés (?????)


Y que en los medios de comunicación y en los parlamentos se libra una batalla desigual con dos bandos muy claros: 

1. Alarmistas/prohibicionistas del vapeo: queriendo que se regule como tabaco, o como medicamento, o que el ciudadano común le "coja miedo" al cigarrillo electrónico. Para ello, se valen de regulaciones como las del parlamento europeo (muy bien analizada en sus implicaciones en el blog vapor y ciencia que enlazo aquí) . 

2. Defensores pragmáticos del cigarrillo electrónico como herramienta de reducción de daño, como sustituto natural del tabaco en quienes no quieran dejar la nicotina, y de una regulación del mismo que no impida su desarrollo por maniobras anticientíficas (pero eficaces) bajo el pretexto de proteger al vapeador pasivo de un daño inexistente, o al vapeador activo de unos productos ya de por sí controlables por las puras leyes del consumo. 





Recordemos que, cada año que retrasamos el paso de millones de fumadores del tabaco al vapeo por "discusiones de conejos" (que si tiene niquel, que si da neumonía lipoidea, que si normaliza el gesto de fumar, que si es un fármaco, que si es un producto del tabaco, que si vaya usted a saber en el futuro lo que puede producir la glicerina, que si lleva trazas de no sé qué cancerígeno...), hay otros conejos "listos" (tabacaleras, laboratorios farmacéuticos de tratamientos para el tabaquismo o sus consecuencias) viendo sin rubor cómo los podencos (los daños en salud derivados del tabaco) alcanzan sin compasión a miles de esos fumadores.


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