jueves, 23 de octubre de 2014

Cigarrillo electrónico y Ébola

Aprovechando todo el revuelo mediático que lo largo de estos días hemos presenciado en torno a la posibilidad del contagio en Occidente del virus Ébola, merece la pena hacer una serie de consideraciones que nos ayuden a situar en proporción los riesgos a los que nos vemos sometidos en Occidente. Aprovecho también el hecho de que la persona infectada y sus allegados parecen estar fuera de peligro, por lo que se puede escribir del tema con menos dramatismo.

Es bien sabido que la opinión pública se mueve más por lo impactante de una noticia que por lo relevante de una realidad. Puede ser más "noticiable" la muerte de dos personas por ingerir una seta envenenada que la muerte de miles de personas al año por no hacer ejercicio regular. Vale. Ya sabemos cómo funciona la prensa.
Pero en algunos casos esta falta de sentido de la proporción de los medios de comunicación produce daños reales cuantiosos.

En los últimos doce meses hemos asistido al que probablemente sea el mayor robo perpetrado por autoridades sanitarias en años de salud potenciales de vida perdidos. Permítaseme un paralelismo con los delitos de hurto: la sabiduría popular que es muy sabia nos recuerda que si uno roba una gallina acaba en la cárcel, pero si uno roba una caja de ahorros puede bien irse de rositas.

Como mencionaba en una entrada (pincha aquí) anterior , para medir el impacto de una enfermedad la mejor variable son los años de vida potenciales perdidos ajustados por calidad.

Pues bien. Imaginemos el coste que tendría en años de vida perdidos una epidemia de Ébola que afectase a, por ejemplo, cinco mil personas en España (el número de muertos hasta ahora en todo el mundo por Ébola). Suponiendo que la esperanza de vida en España es de 80 años, y que entre esos 5000 fallecidos hubiese personas desde 0 hasta 80 años (media 40), el número de años potenciales de vida perdidos sería de 5000 x 40= 200.000 (doscientos mil). Seguro que cesaban a más de un ministro por tamaño desastre.


Sin embargo, no he visto a nadie pedir dimisiones de ningún ministro o consejero de salud a pesar de que en los documentos oficiales de dichos organismos se sostienen afirmaciones probadamente falsas (mira aquí el análisis que hice de dichos documentos) que incitan a los fumadores a no sustituir el probadamente dañino tabaco por el probablemente inofensivo cigarrillo electrónico. Si multiplicamos los 10 años de vida perdidos de media por cada fumador por los 9 millones de fumadores que hay en España el monto total de años potenciales de vida perdidos por esta desinformación (asumiendo que todos ellos podrían ya mismo cambiar tabaco por vapeo) asciende a la mareante suma de 90 millones de años de vida ajustados por calidad perdidos. Casi quinientas veces el coste en años de vida perdidos de la "epidemia" que antes señalaba. ¿Asumirá alguien la responsabilidad de esto? Se me ocurren varios candidatos (aunque imagino que no lo harán): los medios de comunicación que difunden desinformación (enlazo aquí a un hilo sobre desinformaciones), los profesionales de la salud que vierten afirmaciones falsas o alarmistas (enlazo aquí a un post que detalla más esto), los organismos reguladores europeos o internacionales incluida la OMS (enlazo aquí a la página antithr lies y al blog de Clive Bates, que abundan en el tema).

Está claro que no todos los fumadores van a empezar a vapear. El vapeo es algo más complicado que simplemente fumar (dejo enlace a la entrada sobre los "pequeños inconvenientes" del vapeo) . Pero ese "empujoncito" de motivación que hace falta para vencer esos pequeños inconvenientes no sólo no se está dando por parte de autoridades sanitarias y legislativas, sino que se está dando en dirección contraria, alarmando, disuadiendo, dificultando... y en último término, consiguiendo que el fumador que pensaba cambiar tabaco por vapeo piense "para qué cambiar a algo más complicado, si es igual de malo".

En el mismo sentido de lo que digo, copio aquí una carta de la Dra Louisse Ross, Responsable del servicio de ayuda para dejar de fumar en Leicester. Como muchos, estaba llena de optimismo por el potencial del vapeo para ayudar a los fumadores a dejar de fumar. Pero ahora, en su carta, ella explica su enojo y 'tristeza sin palabras " por los daños causados ​​por la OMS, cuando publicó su informe sobre" Sistemas de entrega electrónica de nicotina' (e-cigarrillos) en agosto.

La copio en inglés (y cada uno la traduzca) y dejo el enlace al original aquí

Whose health are we talking about?
Only a few months ago, our Stop Smoking service was getting a huge amount of interest from people who wanted to know how they could use ecigs to switch from smoked tobacco. They told us how they had tried and failed with licensed products, or how they had managed for a few weeks or months, and then gone back to smoking again, after some bad news, or at a time of stress. We also talked to people who had never even considered stopping smoking before, but had heard from friends that ecigs had done it for them, and wanted to know more.

Some signed up with us, and quit with their vaporisers, some tried it and found that it wasn’t what they were looking for, and chose licensed products, to see if that worked for them any better. For some it did, and I’m pleased that we can support people to choose what works for them, rather than take a prescriptive line about what they must use.

And then it all seemed to change. Just around the time we had planned a lot of public-facing events for Stoptober, the WHO report came out, followed by media headlines and scare-stories about how vaping ‘might’ cause numbers of smokers to increase, and that experts were ‘concerned’ that youth smoking may rise. In among all the headlines, extra urban myths had entered the public consciousness, it seemed. In late September, we stood at a market stall, giving out Stop information and telling people what we had to offer. ‘No, I’m sticking to smoking’ was what they told us, over and over. ‘I’ve seen it on telly, it’s safer to carry on smoking.’ Illogical though this mind-set was, it seemed impossible to shift. My team reported the same thing at their workplace events: a general fear of quitting smoking combined with relief that carrying on smoking is actually endorsed! By experts!

Somewhere, something has gone terribly wrong, and the opportunities presented by alternative nicotine delivery devices, so promising earlier in the year, have been casually damaged by a risk-averse body of people whose responsibility it is to improve health, and by a section of the media industry that sells more papers by frightening people.

I’m waiting for a good news story from nationally respected bodies who I know are working on a reversal of this, but until then, all I can do is keep making sure local people know that Stop is there to support them to get smokefree, and work at repairing some of the damage done by people who would do well to listen to the many positive stories told by vapers, who know that they will never go back to smoking.

At first I felt just impotent anger, then speechless sadness. Now I’m back on track, determined to add my voice to this unfathomable battle. I’m doing it because I want more people to see more birthdays.

Louise Ross
Stop Smoking Service Manager
Leicestershire Partnership NHS Trust

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