viernes, 18 de abril de 2014

La Comunidad del Arillo






Voy a plasmar hoy un breve resúmen de una historia que está ocurriendo, y que aunque aún no ha terminado, va adquiriendo poco a poco tintes épicos...

Aunque este blog es joven (llevo unos meses con ello), en realidad ya hice mi propio análisis beneficio-riesgo "personal" hace unos cinco años.

 En aquella época yo llevaba quince años fumando unos 30 cigarrillos día, y había probado varios métodos para dejar de fumar (el libro de Allen Carr, con el que aguanté unos meses, hasta que recaí, la vareniclina, que además de revolverme el estómago no me quitó las ganas de fumar, los "buenos propósitos" con fecha concreta, con la irritabilidad posterior y las frustrantes recaídas...) sin lograr una solución satisfactoria.

Así que, contra lo que solemos hacer los médicos, decidí "ir al médico", y pregunté por ayudas. Mi doctora de cabecera me mandó a un centro en el que, durante dos meses, asistí a unos grupos terapéuticos en el que hacíamos listas de razones para dejar de fumar, recibíamos fotocopias con trucos para los primeros días sin tabaco (cambiar de hábitos, no tomar café, beber mucho líquido...) y se nos ofrecía vareniclina, bupropion o  parches de nicotina. Aquello coincidió con una búsqueda por mi parte de información en internet sobre algún "sustitutivo gestual". Soy lector empedernido y quería tener "algo humeante" por lo menos para algunos momentos especiales del día (dejo aquí, aquí y aquí algunos enlaces a los primeros post de este blog, en los que señalo la parte, al menos para mí, atractiva del tabaco en su momento, y ahora del vapeo). Encontré una página sobre cigarrillos electrónicos, miré sus ingredientes, y sumé dos y dos: nicotina (como la del parche) más glicerina y propilenglicol (inofensivos, por la información ya entonces disponible) me parecieron suficientemente seguras, y empecé a usarlos, dejando los parches (que habían sido mi opción inicial).

Durante los meses posteriores, nos fueron haciendo seguimiento (entrevistas y mediciones de CO espirado) en dicho centro: de los trece participantes, doce no habían conseguido dejar el tabaco (y uno había desarrollado claros signos depresivos a los pocos días de un tratamiento farmacológico, sin dejar aún el tabaco), y yo sí. Recuerdo que ya entonces les expliqué a la doctora y a la enfermera encargadas del programa que me estaba yendo muy bien con el vapeo (usaba una minipipa comprada por internet) y les animé a que, igual que había hecho yo, se informasen sobre ese (entonces) nuevo tipo de productos, por si podían servir de ayuda a otras personas.

Con el tiempo, fui leyendo aquí y allá algunas revisiones sobre el tema (muy buena, por ejemplo, de abril de 2010, la carta abierta a la OCU del creador de vapeando.com) y todo apuntaba a que este modo de inhalar nicotina se iría popularizando.


Así ha sido en el último año en España, pero para mi sorpresa, cuando hace unos meses me animé a hacer este blog, la mayor parte de opiniones publicadas al respecto desde el mundo sanitario eran contrarias. Dicen que la mujer del Cesar no sólo ha de ser buena, sino parecerlo, así que cuando animé a un buen amigo a abrir una tienda online de estos productos "ahora que ya empezaba a existir demanda creciente" me planteé poner por escrito los argumentos que a mí me habían servido para decantarme por estos productos. Y así, cuando alguien le preguntase sobre si eran más seguros que el tabaco, sólo tendría que decirles: "tú échale un vistazo a este blog".

Eso fue hace seis meses.

Y en este tiempo, he asistido con sorpresa, interés, indignación y satisfacción a una serie de movimientos mediáticos que algún día alguien estudiará, porque me parecen un perfecto ejemplo de los tiempos que vivimos.



De una parte, he visto  manipulación informativa con titulares engañosos, menoscabo del interés general por intereses privados, declaraciones públicas de profesionales refutables por un estudiante de bachillerato, creación de "memes" para demonizar un producto, miopía científica sin mala fe, censura de comentarios en medios supuestamente "libres", intento de influencia en los legisladores con fines particulares, apropiación de la opinión general de "los médicos" por parte de unos pocos profesionales hablando en representación de los mismos sin haber sido elegidos por nadie, estudios "pseudocientíficos" que, sin llegar a dar datos concretos de daño, se permiten retorcer la estadística y hasta la lógica más elemental...




Pero de otra parte, he visto (y disfrutado, y participado) cosas mucho más positivas: participación ciudadana codo con codo en iniciativas de regulación racional, miles de personas que gracias a internet podían explicar su historia real de satisfacción con el vapeo, participación de algunos profesionales independientes y rigurosos en debates públicos, estudios bien diseñados e información contrastable para respaldar lo que ya el sentido común permite suponer, clarividencia en muchos ciudadanos al entender de dónde vienen las desinformaciones, sinergias transfronterizas en quienes de modo sereno nos negamos a ser manipulados, buen humor e imaginación en esta batalla de David contra Goliat, algunos ejemplos de periodismo serio tratando de aproximarse a este fenómeno con imparcialidad, inteligencia colectiva por doquier...

En los próximos meses, asistiremos a una sucesión de acontecimientos que (espero) permitirán poner a cada cosa en su sitio, y que esta "batalla" de vapor contra humo se decante hacia la lógica y la experiencia.

Fumar es malo. Vapear, no.



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